FREGAR LAS SARTENES
Era una sabia costumbre de las señoras " gatas " cuando llegaba el miércoles de ceniza.
- La sartén se fregaba bien fregá y se guardaba porque en los cuarenta días que duraba la cuaresma, no se freía tocino en casa de mi madre, me explicó la señora Encarna.
Y prosiguió " eso no le gustaba nada pero que nada, a mis hermanos. Para ellos el cebón era la alimentación de cada mañana y de cada mediodía y de cada noche ".
En Cereceda todas las familias seguían las normas de cuaresma y el carnicero - el tío Manuel no mataba todos los días - se tenía que aguantar, a la espera de que llegara San Marcos y pudiera ganar lo que había dejado de ganar durante la cuaresma.
Mi madre compraba latas de sardinas y de escabeche y almacenaba huevos en una barreña de la matanza para satisfacer el apetito de quienes acudían a la posada.
Y los muchachos soñábamos con el hornazo del Domingo de Pascua, relleno de " tajás ".
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