AL ENCENDER LOS CANDILES
Es una expresión " gatuna " para indicar la llegada de la noche.
En mis años infantiles - lo he contado muchas veces - la luz eléctrica que provenía de una pequeña central hidráulica situada en las Casas del Conde, llegaba muchas noches cuando quería y se marchaba cuando le parecía bien.
Mi amiga Asun, GATA 2025, y con anterioridad su familia - los electricistas Tapia - acudían al transformador situado en el barrio de La Esquina " a dar la luz ", pero la luz ni siquier había llegado a la Peña el Gato, distante dos kilómetros del municipio.
En invierno se necesitaba una semana - en ocasiones diez días - para que la electricidad, que tiene una velocidad inimaginable para las " gatas " de Cereceda, recorriera esos dos kilómetros.
Entonces las señoras " gatas " recurrían a los candiles y los señores " gatos " buscaban los faroles.
Las linternas llegaron muchos años después.
En la taberna, apenas se ponía el sol, mi madre encendía un candil en la cocina, y los huéspedes de la posada preguntaban : " ¿ No vendrá la luz ? ".
Mi madre sonriendo les prometía que la luz llegaría " un poco más tarde ".
Mi padre, en cambio, les decía la verdad " hoy es posible que no llegue porque el viento haya tumbado algún poste. Así nos acostaremos más temprano ".
Yo miraba mi pizarra con las cuentas que había puesto don Lamberto, y me apresuraba a hacerlas, pues don Lamberto las pedía a la mañana siguiente y él, que vivía en El Cabaco - a tres kilómetros de distancia - no sabía o no quería saber de " falta de luz eléctrica ".
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