miércoles, 23 de agosto de 2017

EL RACIMO DE UVAS






Con la llegada de los primeros días de setiembre - a veces con anterioridad - aparecían por Cereceda los serranos con sus caballerías y dos banastos cargados con las primeras uvas.
Eran uvas pequeñas, apiñadas, con saber agridulce por falta de maduración.
Mi madre compraba un kilo de esas uvas que a mí me gustaban para merendar. Un racimo de uvas y un trozo de pan.
Si el pan era reciente, mejor. Ya se sabe que en mi casa y en muchas casas del pueblo se " masaba pa quince días " y el pan " asentado " también era buena merienda con un racimo de uvas.
El chorizo, el " adobao " y otros productos del cerdo habían quedado " sellados " para otra época de trabajo.
Yo cogía mi trozo de pan y mi racimo de uvas - casi siempre de algún amigo de mi padre, que venía de Las Casas - y a cuidar las vacas " pal río. "
¡ Cuántos gatos y gatas recuerdan, " con la ilusión de la niñez," aquel racimo de  uvas y aquel coscurro de pan ¡.

                                    Foto    www.google.es

Etiqueta     Cosas de mi vida.

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