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sábado, 1 de agosto de 2020

SE ARREGLAN ....


SE ARREGLAN ....




Era el comienzo de un bando público que cada artesano lanzaba por las calles del pueblo,
Se arreglan sillas, se arreglan trillos y se ponen chinas, se arreglan calderos y calderetes..
Aparecían por Cereceda al atardecer. Llegaban al pueblo con las cabras o las ovejas, a veces, con el coche de línea.
No los asustaba el mal tiempo porque llegaban con cualquier tiempo.
Se acercaban a la posada de Cándido y pedían que les hicieran la cena.
Mi madre comenzaba a pelar patatas para hacer una cena " de pueblo " consistente en patas cocidas y tocino frito. Algunos pedían que les añadiera algún trozo de chorizo casero o algún huevo frito.
 Se sentaban en el banco de la cocina, fumaban un cigarro, encendido con un palo de la lumbre o con una brasa cogida con las tenazas.
Habian dejado en el portal la caja de las herramientas, los haces de bayón y las bicicletas.
Yo los recuerdo acompañados siempre por una bicicleta.
Dormían en el portal junto a sus pertenencias y se levantaban cuando mi padre había prendido la lumbre y la botella de aguardiente estaba sobre la camilla de la cocina.
Cuando yo me iba a la escuela  - en Cereceda la escuela se abría a las diez y media - ellos comenzaban a vocear por las calles los " servicios " que ofrecían.
A mi me gustaba acompañar al hojalatero y su cantinela : Se arreglan jofainas, calderetes, calderos, ..
Yo siempre le preguntaba para qué servían las jofainas. Mi madre la llamaba palangana, y yo no quería que los dos nombres fueran para la misma cosa : una " cosa " de hojalata para lavarse la cara.
Al mediodía buscaría al " sillitero " para ver cómo trenzaba el bayón para arreglar el " culo " de las sillas.
A media tarde se irían a otro pueblo. A Cereceda habían llegado desde Tamames y se marcharían por la carretera hacia El Cabaco, el Maíllo y Morasverdes.

Foto  pinterest.es


viernes, 24 de julio de 2020


... Y YO BUSCO UN MAR






Yo, que soy nacido en la montaña, siempre soñé con buscar un mar.
La primera vez que escuché hablar del mar fué a los afiladores gallegos. Ellos me hablaron de lo grande que era el mar.
- Te asomas a una orilla y no se ve la otra, decían en la posada de mis padres, después de cenar. Pero yo siempre pensé que exageraban, porque para mí el mar era como el río Yeltes junto al puente Cantería, cuando en invierno se desbordaba y llenaba todo el cauce.
Luego, cuando tuve cinco años y fuí a la escuela, D. Lamberto me enseñó el mar en un mapa de España. Allí había tres mares, pero a mí me parecieron pequeños.
Más tarde D. Lamberto me enseñó que el mar de los portugueses era muy grande, muy grande, tanto que un barco tardaba 30 días en ir de Lisboa a Buenos Aires.
Entonces empecé a soñar con un mar.
Mis años en Extremadura fueron lejos del mar. El río Guadiana y sus pantanos se parecían al mar. Pero se veía la otra orilla.
Un día pude ver el mar. El Mar Cantábrico. Un día que estaba enfadado y sus olas asustaban a las gentes acostumbradas a vivir junto a él. Fué en un pequeño pueblo de Vizcaya. En Ea. El mar estaba muy enfadado y arrastraba las piedras. Iba y venía, Y yo pude meterme en el mar y correr a la orilla para que las olas no mojasen mis pantalones.
Durante quince años el mar Cantábrico y yo nos "peleamos " porque yo le robaba sus pulpos, sus carramarros, sus lapas pegadas a las rocas y sus caracolillos.
Después me trasladé junto al Mediterráneo,
Ahora el mar y yo somos amigos. Lo visito muchos días por la mañana y por la tarde. Y me siento feliz cuando está enfadado y me recuerda al primer mar que yo conocí.

Foto  google.com

martes, 21 de julio de 2020


EL REGATO DE LAS DOS CERRÁS






Un " gato " me ha enviado esta foto que él dice que es del Regato de las Dos Cerrás.

Yo pasé muchas horas en la desembocadura de ese Regato en el río Yeltes.
Es un afluente por la izquierda, al igual que el río del Periquito.
Ese regato nacía en una fuente que había aguas arriba del Puente.
Junto a la fuente algunos vecinos de Cereceda hacíamos una poza.Yo fuí muchos años a hacer la poza y a mondar la regadera porque en esa época mi padre estaba " en la siega " en Villamayor.
Mariano, Isaac, el tío Modesto, el tío Cesáreo, el tío Paco el carretero - siempre era Chan quien acudía a trabajar - y yo.
Allí teníamos unos huertos que producían carros de patatas porque acostumbrábamos a echarles algunas " noches " de ovejas para estercarlos - y " calentar la tierra ", decía mi padre - porque era una zona muy fría y con niebla.
Era un regato entre juncias, zarzas, y maleza una vez que se pasaba el Puente de las Dos Cerras, un puente que está en el término municipal de El Cabaco.
El agua era limpia y fría.
Cuando yo iba a cuidar las vacas " al río " me comía la merienda - un trozo de pan y un trozo de adobao - sentado en su desembocadura y echando un trago de agua, tumbado en el suelo de bruces y bebiendo a morro.
Todo el año llevaba agua, aunque en verano una parte se la " robásemos " para regar los huertos de Cereceda, y para regar los praos del Cabaco.

Foto  pinterest.com

sábado, 11 de julio de 2020


JULIO  : CARRO, PAREJA ( de vacas )  Y YUGO.







La llegada del verano traía para las gentes de Cereceda una serie de trabajos en los que intervenían el carro, la pareja de vacas y el yugo.
En el siglo XVIII en Cereceda las labores de las tierras y los trabajos en los que se empleaba el carro, eran trabajos para bueyes.
Desconozco la fecha exacta en la que los bueyes fueron sustituídos por vacas. Debió ser en los años finales del siglo XIX o principios del siglo XX cuando los vecinos se dieron cuenta de los tres aprovechamientos de las vacas : el abono o estiércol, la cría de terneros y el aprovechamiento para el trabajo : arar, sembrar, acarrear, trillar y todos los " oficios " que hacían con una pareja de vacas.
La ganadería vacuna producía un gran rendimiento en Cereceda : cada vaca paría un ternero al año. Ese ternero era engordado y vendido " para carne " en la feria de Tamames o en el corral. Si era una ternera, podía engordarse y venderla, o " criarla para casa ", que decían los ganaderos.
En el momento que llegaba a novilla comenzaba a producir crías y a utilizarse para la labor.
Mi padre, y como él muchos ganaderos, siempre tenían alguna novilla en el corral. Eran hombres prevenidos porque en aquellos años era frecuente la pérdida de una vaca por una enfermedad, una cornada en la " boyá " o una " perniquebradura " al saltar la portera del prado " porque le picaba la mosca " o porque huía de los ataques de otras vacas.
Un yugo estaba siempre atado en el carro. Cuando había que arar o trillar otro u otros  yugos eran parte fundamental en esos trabajos.
" Hay que uñir las vacas " era una frase muy corriente en la vida de Cereceda durante las cuatro estaciones del año.

Foto  google.com   Carro con los estacones de acarrear, cargado de bálago.

lunes, 8 de junio de 2020


"  TODO EL DÍA DE DIOS SEGANDO "

Esta es una frase que se podía escuchar por las calles de Cereceda cuando llegaba el verano.




El horario de la siega era diferente según las familias. Cada familia dependía de los brazos que pudieran manejar la hoz, de las tierras que cada familia tuviera sembradas y de la zona en la que estuvieran esas tierras. Unas zonas eran más tempranas y otras eran más tardías.
En mi niñez todas las familias del pueblo tenían que hacer varios días de siega en Valdecarros. Esa zona " comunal " en la que cada familia tenía dos suertes grandes y dos pequeñas, suponía un gran trabajo por una razón muy sencilla y fácil de explicar.
Los hombres y los brazos que sabían manejar bien la hoz se marchaban del pueblo a segar  a las afueras de Salamanca. Los lugares favoritos eran Villamayor y Aldeatejada.
En el pueblo quedábamos los niños y las mujeres. Puedo decir que " íbamos haciendo lo que podíamos ", que generalmente era poco, aunque dependía mucho de la Hoja que se hubiera sembrado ese año.
En Cereceda había dos hojas : La hoja de Abajo y la Hoja de Arriba, Ésta hoja era más pequeña y, por tanto, tenía menos trabajo.







- Nos levantábamos a las 4 de la mañana y salíamos con la hoz al brazo y la manija en la mano camino de las tierras. Llevábamos el almuerzo, la comida y la merienda. Un barril de agua y algo del cansancio del día anterior. No había ni domingos ni fiestas desde San Pedro ( 29 de Junio ) hasta Santiago ( 25 de Julio ).
Era todo el día, que se extendía hasta las 9 de la noche, en las tierras.
Como decía mi madre : " Hoy hemos estao todo el día de Dios segando."

Fotos   google.com
             pataloso.blogspot.com

LA CHIRUMBA






Era un juego de los niños de Cereceda que a mí me encantaba.
Alguna vez se hacían equipos mixtos.
Era un juego de los domingos por la tarde en espacio abierto, o en el campo escolar, porque cuando yo iba a la escuela no estaba hecho el juego pelota.
Se cogían dos palos, uno de cincuenta - sesenta centímetros y otro de veinte centímetros. Uno era más gordo, más grueso  y el otro más fino.



Al más pequeño y más fino se le aguzaban los dos picos dejándolos un poco romos.
Para jugar se hacían dos equipos. Se " echaba a pies " para saber quién comenzaba a lanzar.
Un jugador lanzaba el palo chico y otro lo golpeaba en el aire " todo lo fuerte que podía.
 Los del otro equipo procuraban cogerlo en el aire o al botar.
Eso eliminaba al lanzador y pasaba el otro equipo a lanzar.
Si no recogían el palo, había que medir la distancia con el palo largo y esos eran los puntos de esa tirada.
Era un juego que podía durar el tiempo que se quisiera o terminarse cuando un equipo conseguía los puntos acordados.

Fotos   google.com

jueves, 4 de junio de 2020


MEDIR EL TIEMPO EN CIGARROS

Los hombres de Cereceda siempre fueron fumadores.
Recuerdo el humo de la sala de la taberna porque en invierno no se podían abrir las ventanas y " el aire acondicionado ", a lo peor, aún no estaba inventado.
Los mozos presumían de ser fumadores.
- Tú eras mozo cuando fumabas. Y eras un hombre cuando podías fumar un cigarro delante de tu padre. Ese privilegio se conseguía al volver de la mili, me dice un amigo del pueblo.









Como en Cereceda muy pocos hombres tenían reloj, ellos medían el tiempo con otros métodos. El método que hoy explico era el método de medir el tiempo con cigarros.
- Llevamos un rato esperándote.
- Es que he tenido que dejar un saco de paja junto a las pesebreras para que mi padre le eche a las vacas. Mi padre ya no se atreve a subir al tenao.
- Pues has tenido tiempo de bajar del tenao medio carro de paja. Nos hemos fumao tres cigarros.
Así medían el tiempo los mozos cuando no tenían reloj.
- Llevo tanto rato esperando a Juani que ya me he fumao dos cigarros. ¡ Y eso que yo fumo poco !
- Tío Juan, hoy ha madrugao usted mucho, le decía el herrero al tío Juan que esperaba que abrieran la fragua para aguzar dos rejas.
- Sí, que he madrugao. Ya le he echao una " postura " a las vacas, y me he fumao dos cigarros.
¿ Cuántos minutos eran dos cigarros ?.
Yo no puedo responder a esa pregunta porque algunos vecinos de Cereceda encendían un cigarro sin cerillas ni mechero.
- Yo con la colilla de uno enciendo otro, decían muchos hombres. Y algunos cigarros se pegaban al labio de abajo al encenderlos, y allí " morían."

Foto  google.com


viernes, 29 de mayo de 2020


LAS CANGREJERAS






En Cereceda las llamábamos sandalias de goma y las vendía el comercio de Fortunato ( el comercio de la Paz ) y el señor Adelio que las traía de Tamames.
Eran el uniforme del verano cuando eras niño y no servías " para nada ".
En cuanto servías para ir a las tierras, a las eras o a los linares ese calzado se cambiaba por las albarcas.
Esas sandalias de goma eran el calzado apropiado para meterte en el agua de la Poza que diariamente recorría las calles del pueblo.
Las carreras de barcos en la calle Larga tenían unos " intrépidos " capitanes, calzados todos con las sandalias de goma.
- El agua entra por unos agujeros y sale por otros. Así los pies están siempre limpios, decía mi padre.
Cuando yo iba a cuidar las vacas al río Yeltes - desde la toma de las Matas hasta la toma de la Isla y algunos años hasta la raya de Zarzoso - ése era mi calzado porque me permitía entrar en todos los " caozos " a pescar ranas y peces a mano.
Cuando hacía calor sudaban los pies y algunas tiras de las sandalias rozaban, pero los niños y muchas niñas de Cereceda carecíamos de dinero para llevar otro calzado.
Hoy, cuando me acerco a la Playa de El Albir, en Alicante, que es de " chinos " y de cantos rodados, puedo ver todavía algunas sandalias de goma, que ahora se llaman cangrejeras, y que son de colores elegantes y  las llevan las jóvenes " para presumir."
Se me ocurrió preguntar el precio en una tienda junto a la playa y me marché asustado. El señor Adelio las vendía mucho más baratas.


Foto  pinterest.com

miércoles, 27 de mayo de 2020


LA GATA AL SOL EN LA VENTANA







Esa gata pequeña está sentada en la ventana con permiso de la dueña de la casa.
Está acurrucada viendo pasar la tarde, mientras a lo lejos el sol va resbalando por la Sierra de la Peña de Francia, camino de Portugal.
En la foto hay otros elementos típicos de las ventanas de Cereceda.
Hay una ventana de madera y unas cortinillas o " visillos " por dentro de la ventana que se " corrían " cuando la gente quería " oler " y la dueña de la casa gustaba de  algo de intimidad.
Hay dos tiestos en la ventana. Esos tiestos cuando llegaba el tardío desaparecían al ponerse el sol o antes, pues el hielo de la noche los mataba.
Entre ellos, en un bote de cristal, mi madre tenía alguna rama de geranio, de alegría o de cualquier otra planta que le habían regalado. Estaba en el bote con agua hasta que echaba raíces y pasaba a ocupar otra maceta.
Ese bote era el " vivero " de las mujeres de Cereceda.
La gata tenía permiso para sentarse en la ventana de la cocina.
Era su dueña quien le abría la ventana para que se sentara allí. Unos maullidos recordaban a su ama que quería " bajarse de la ventana y echarse en la lancha de la lumbre de la cocina. "

Foto  pinterest.com

lunes, 18 de mayo de 2020


LAS VUELTAS PARA TI.






En la taberna de mis padres yo me ganaba unas " perras chicas y alguna perra gorda " gracias a mi rapidez en hacer los recados.
Me tenían siempre por las calles :
- Vete a buscar un pan a casa de la señora Agustina, la madre de Serafín.
- Llévale esto a la abuela.
- Vete a buscar el barreno a casa de la abuela.
- Vete a comprar una docena de huevos a casa de la señora Francisca o a comprar un celemín de cebada a casa del señor Manolo el herrero.
Esos trabajos eran " de obligado cumplimiento " porque eran mi madre y mi padre quienes me los " mandaban."
Luego había otros " vete a " por los que cobraba:
- Vete al estanco y tráeme un cuarterón de tabaco.
- A mí me traes un librito de Jean.
- A mí me traes ...
Para realizar estos " recados " me tenían que dar siempre dinero.
Mi padre me lo tenía bien advertido : " si no te dan dinero, no vayas a comprar nada."
En aquellos años - de 1.947 a 1.953 - todas esas cosas tenían un valor en pesetas acompañadas en muchas ocasiones de céntimos.
Cuando volvía con los encargos, siempre había alguna buena persona que decía : " las vueltas para ti."
 Además, pedía a todos los otros " encargadores " que le dieran las vueltas  al recadero : " tú no le devuelvas nada a nadie. Si no que vayan ellos el próximo día."
En invierno era " pasar un rato de frío " el salir de la " lumbrará " de la cocina de mi casa para ir al estanco.
¿ Cuánto sacaba de esos encargos ?.
Yo se lo daba a mi madre que me lo guardaba en un cerdito de barro que me había regalado un " pucherero de Tamames."

Foto  google.com

martes, 12 de mayo de 2020


CANCIÓN POR LA CALLE DE UNA TABERNA A LA OTRA.

Un " gato " me pide que publique " la canción que cantábamos los mozos de Cereceda - y supongo que de otros pueblos - cuando íbamos de la taberna de tu padre a la taberna de Tito en la Plaza."








                                                   
                                                 Si no nos quieren las mozas
                                                 que no nos quieran,
                                                 que vivan los mis amigos
                                                  y la borrachera.

                                                  Y son, y son,
                                                   y son unos fanfarrones
                                                   que, cuando van por las calles,
                                                   van robando corazones.

                                                    Y si no se le quitan bailando
                                                     los dolores a la tabernera,
                                                     y si no se le quitan bailando,
                                                     déjala que de pena se muera.

                                                     Y son, y son,
                                                      y son unos fanfarrones
                                                      que cuando van por las calles
                                                      van matando corazones.

                                                      Ahí la tienes, báilala,
                                                      no le rompas el mandil
                                                      mira que no tiene otro
                                                      la pobrecita infeliz.

                                                      Si no nos quieren las mozas
                                                      que no nos quieran,
                                                      que vivan los mis amigos
                                                      y la borrachera.


Siempre se cantaba mientras los mozos con los brazos por encima de los hombros los unos de los otros ocupaban toda la calle, sin tener en cuenta si había charcos o si había barro.
Era una canción de invierno, cuando en Cereceda los " oficios " eran muy pocos : ir a hoja, ir a " gelechos " o ir a sacar raíces.
Era una canción de " sábado noche."

Fotos   Constantino González Macías

domingo, 3 de mayo de 2020


LA HOSPEDERÍA DEL PALACIO DE ANAYA






Al lado del Palacio de Anaya se encuentra la Hospedería.
En ella se alojaba a estudiantes que se pagaban los estudios sirviendo a otros estudiantes nobles y ricos.
Su construcción data de 1.715, y fué obra del arquitecto Joaquín de Churriguera.
Desde el año 1.931 se formaron en ella los maestros y maestras de Salamanca al convertirse en Escuela Normal.


En ese edificio pasé tres años de mi vida. Los cursos 1.959 -1.960, 1.960 - 1.961 y  1.961 - 1.962 realizando los estudios de Magisterio.
En esa fecha el edificio era utilizado por las mañanas por las estudiantes de Mgisterio ( las chicas )  y por las tardes por los estudiantes de Magisterio ( los chicos ).
Cada Escuela tenía su Director o Directora y su cuadro de Profesores
Las aulas eran amplias, aunque algunas un poco lóbregas, y daban a la calle de El Tostado, con amplios ventanales.
En la planta baja se encontraba la Aneja o Escuela de Prácticas.
El recuerdo que yo guardo de esas aulas, 60 años después de pasar por ellas, sigue siendo muy agradable, tanto de los profesores como de los compañeros .

Foto  google.com

viernes, 17 de abril de 2020


ESTOY BALDAO.

Es una expresión típica de Cereceda.
Baldado significa :

.( persona ) Que está imposibilitado para moverse o para mover alguno de sus miembros.
. Que está muy cansado.

Era con el segundo significado como se utilizaba el adjetivo " baldao" en Cereceda.





- Esta mañana habemos ido a dar la vuelta al heno del prao, y esta tarde habemos ido a encerrarlo. Tirar las " gobelás " al carro con la horca de hierro, rastrillar to el prao con la rastra grande que hizo mi padre este invierno, tirarlas desde el carro al tenao del heno y subir a arrimarlas a la pared para que luego podamos " meter la paja, " me ha dejao baldao.






- Hoy la jera que hemos sacao en Valdecarros ha sido para dejar baldao al mejor mozo del pueblo. To el día corre que te corre, porque mi padre dijo que había que segar las dos suertes grandes y las dos chicas, que mucha gente las hacía en un día. Madrugón del gordo, y antes de esconderse el lucero del alba, ya estábamos en la suerte chica del Corcino, A la hora de parar a almorzar estábamos a media suerte  de las que suben desde el Corcino. La comida nos esperaba cuando llegamos a la suerte de la calzada - la carretera de Aldeanueva - y para rematar, la merienda en la suerte del camino de Zarzoso. Cuando ya no " puedes con tu alma ", tienes que venir andando hasta casa. ¡ Ni ganas de cenar tenía ! ¡ Estoy baldao !.
La saca de las patatas solía ser otra buena ocasión para dejar constancia de la frase.






- To el día sacando patatas a la Nava el Mónago, mirando a los tres cestos pa no confundirte : las gordas, las chicas y las de sembrar. Luego cargar los sacos " a brazo " al carro. Vuelta a casa por el camino de Las Canalejas. Pa rematar habemos tenido que descargar todos los sacos en la plaza y esperar que llegara el camión de Sevilla al que mi padre se las había vendido, y ayudárselas a cargar en el camión. ¡ Estoy baldao !

Fotos  google.com

sábado, 11 de abril de 2020


PONER EL PAN EN LA MESA


 En Cereceda - en todas las casas - siempre ha habido unas normas con el pan.
Para los " gatos " y las " gatas " el pan es sagrado. Quizás porque en Cereceda nunca ha faltado el pan. El pueblo producía trigo. Ese trigo se llevaba a la fábrica de harinas de Arroyomuerto ( hoy San Miguel del Robledo ).
Una parte se vendía al precio que fijaba el Gobierno y otra parte se convertía en harina, que se traía al pueblo. Eran costales de harina que se iban " estirando " para tener pan todo el año.
Cada casa tenía su horno y su torno de hacer el pan. " Masar " era un trabajo rutinario en las casas del pueblo.





El pan se ponía en la mesa boca arriba. Con la parte donde estaba el " sello de la casa ".
- El pan hay que ponerlo bien porque si no la Virgen llora, nos enseñó mi abuela desde niños.
Estaba prohibido " bajo pena de sermón y castigo " clavar el cuchillo en el pan. Eso " era pecado porque era clavar el cuchillo en el corazón de Jesús."
Si un trozo de pan se caía al suelo, se recogía y se le daba un beso.
- No has besao el pan, decía mi abuela. Y había que besarlo y que ella lo viera.

Mi madre, mi abuela y las mujeres del pueblo " musitaban entre dientes " una plegaria  cuando se caía el pan al suelo.
Nunca conseguí que me la dijeran. Desconozco si era la misma en todas las casas o si cada mujer decía la suya.
Una vez sentada la familia a la mesa, era el padre quien iba partiendo un trozo de pan para cada miembro de la familia.
Cuando yo era niño, con ese trozo era suficiente para toda la comida.
- Hay que racionar el pan, decía mi madre, porque con esos costales de harina tenemos que tener para todo el año.
Yo soy muy " panero."
En mis veranos en el pueblo, si algún día se me ha olvidado encargar el pan, puedo presumir de haber ido al Cabaco, andando, a buscar un pan.

Foto directoalamesa.blogspot.com

SE ME CAYÓ EL ALMA A LOS PIES

María me cuenta que esta frase la dice su abuela - la grand-mére - siempre que le comunican alguna noticia que le produce tristeza,

En Cereceda la frase significaba un estado de ánimo muy bajo, a ras de suelo.
Era un estado de ánimo que se producía en las gentes del pueblo - la frase era propia de las mujeres - cuando les llegaba la noticia de alguna desgracia o de algún fallecimiento.
- Acaba de decirme Mónica que se ha muerto don Antonio. Fué un cura muy querido en el pueblo, donde estuvo muchos años. Bautizó al mi Juanín y a la mi María. Lo recuerdo con alegría en los dos bautizos. Vino a casa a tomar una copa de anís y una perronilla de las que yo había hecho para los bautizos. Al decírmelo Mónica " me se ha caído el alma a los pies ", aunque ya sabíamos que estaba enfermo y vivía en una residencia. ¡ Dios lo tenga en su gloria !.






- Hace un rato me han dicho que Colás ha volcao el carro cargado de bálago en el Tumbadero, casi al asomar al río. Su mujer venía con él porque había ido a darle los haces. Venía al lao del carro para protegerse del sol. ¡ Menos mal que el carro ha volcao pal lao de arriba del camino, porque si vuelca pal lao del prao de Selmo, la aplasta. Al saberlo " se me ha caído el alma a los pies . ¡ menuda desgracia podíamos haber tenido !.

Con estos dos acontecimientos y la forma de explicarlos dos mujeres del pueblo, espero que María pueda entender la expresión que su abuela recuerda de las gentes de su pequeño pueblo castellano, hoy, que se encuentra muy lejos de su tierra.

Foto  es.images.search.yahoo.com

viernes, 3 de abril de 2020


EL PALACIO DE ANAYA DE SALAMANCA

Yuri, GATO 2.020, me pide que escriba algo sobre el Palacio de Anaya, " del que usted habla transformado en Facultad de Filosofía y Letras. "





El Palacio de Anaya es de estilo Neoclásico.
Sus obras comenzaron en 1.760 para sustituir al antiguo Colegio Mayor de San Bartolomé, muy dañado por el terremoto de Lisboa de 1.755.
Este terremoto " torció " la torre de la Catedral Nueva. Hasta lo alto de esa torre sube cada año el día 31 de octubre, mi amigo Ángel Rufino, el Mariquelo, con su gaita y su tamboril.
Sus creadores fueron José de Hermosilla y Juan de Sagarvinaga.
Destacan en el edificio la fachada y la escalera imperial del interior.






Esta escalera es simple en su primer trama, para dividirse en dos - derecha e izquierda - en el segundo tramo, con el busto de D. Miguel de Unamuno, obra de Victorio Macho, realizada en 1.930.
En ese Palacio de Anaya - en el piso superior - se encontraban algunas aulas de la Facultad de Filosofía y Letras, en las que yo realicé los exámenes de mis estudios universitario. En el Aula Magna, en la que el profesor D. Miguel Artola realizaba los exámenes orales de su Historia Contemporánea, presenté la Tesina de Fin de Carrera.
En los pisos inferiores se encontraban las aulas de la Facultad de Ciencias.
Guardo un gratísimo recuerdo de esas escaleras por las noticias - verdaderas o falsas - que corrían por la Facultad.
" Si vas a un examen escrito debes subir por la escalera del lado derecho, la que está a la izquierda de D. Miguel. Si vas a un examen oral tu escalera debe ser la que está a la derecha de D. Miguel. Si sigues este consejo, te saldrán mejor los exámenes y aprobarás. "
Esto se decía por los años en los que yo - del 65 al 71 - subía  por esas escaleras.
Supersticiones aparte, a mí me gustaba decir " buenos días " o " buenas tardes " a D. Miguel cada vez que llegaba a la Facultad, y le transmitía un recuerdo de Bilbao, en el que yo vivía, el " Bocho " de D. Miguel, nacido en su Casco Viejo.

Fotos   es.search.yahoo.com


jueves, 2 de abril de 2020


LA MESA DE HACER EL QUESO






Una amiga del blog me ha enviado a mi correo esta foto. Me pregunta si eran así las mesas de hacer el queso en Cereceda.
Yo recuerdo la mesa de hacer el queso que había en mi casa. Mi madre era una " enamorada " de las ovejas porque su padre - el abuelo Matías - siempre había tenido ovejas.
En cambio mi padre tardó muchos años en tener ovejas porque en casa de mi abuela Fausta nunca hubo ovejas.
En Cereceda había algunas familias que nunca tuvieron ovejas. Tenían vacas, cabras, marranos  - garrapos, camperos, cerdas de cría y cebones - gallinas y algún burro, pero las ovejas  " no las entienden ", decía la gente.
La mesa de hacer el queso de mi casa era muy parecida a ésa. Quizás con una inclinación más pronunciada para que la leche del queso cayera mejor en un barreñón o una barreña de barro, que mi madre ponía en el suelo.
La mesa se la hizo el tío Paco el carretero. El tío Paco y su hermano Tino, además de hacer carros, tenían habilidad para hacer otras muchas cosas en su taller. A mí me hizo una carraca. La mesa cuadrada y los seis taburetes que había a su alrededor en la Escuela Unitaria de Niños, los habían hecho ellos, " por orden del señor Alcalde," pues no había pupitres para todos los niños que en aquellos años  - 1.948 a 1.953 - estábamos, los días de invierno, en la escuela.
También hicieron los bancos de la iglesia. En mi casa la mesa del torno de " masar " y la mesa de matar los cebones también eran obra de los " carreteros " como los llamaba la gente de Cereceda.
Esa mesa servía también para hacer el requesón.

Foto  es.images.search.yahoo.com

jueves, 19 de marzo de 2020


LOS CEREZOS EN FLOR




Mis amigos del pueblo me han dicho que los huertos están blancos con la nieve. Pero también me han dicho que los cerezos están en flor ¡ Pobrecillos !.
Yo tengo un huerto en el casco urbano, en la calleja El Castaño.
En ese huerto plantó mi padre árboles frutales en abundancia : cerezos, manzanos, ciruelos, nogales, perales y melocotoneros, el día que " lo dejó pa prao."
Además en la orilla de abajo siempre hubo guindos. Los guindos los plantaron los pájaros y nosotros, cuando íbamos a coger las guindas con una cesta de mimbre, y, sin lavarlas, comíamos algunas y tirábamos los huesos a los surcos sembrados de patatas, de alubias o de remolachas.
Los guindos eran muy " valientes " aguantaban las nevadas y las heladas. Cada verano ofrecían una buena " carga " de guindas que siempre comimos sin madurar porque los tordos " pueden dejar el árbol sin una guinda en una mañana ", decía mi padre,
Cuando yo heredé el huerto, pedí a mi amigo Cleto que los injertara. Cleto es de Garcibuey y tiene muchos cerezos. Recoge la cosecha y se dedica a venderla por los pueblos y en los mercadillos de la provincia.
Todos los injertos prendieron pero los cerezos se quedan sin cerezas en el mes de marzo, o en el mes de abril, o en el mes de mayo.
Cuando sus flores blancas lucen preciosas llega el viento cierzo, el viento de Cilleros, el viento del Norte, y en una noche " ya tienes recogida la cosecha ", dicen mis amigos del pueblo.
Los manzanos " se han ido secando ", los ciruelos resisten y algún año " se les han roto las ramas de la carga de ciruelas ", los melocotoneros  se han secado, los perales resiste uno que " da " peras de invierno para meterlas entre el trigo - cereal que ya no cogemos - los nogales están hermosos y " dan nueces, pero todas pochas porque no los riegas."
Ese el balance de mi producción hortofrutícola del huerto de la calleja El Castaño, El huerto " favorito " de mi madre porque con los productos de ese huerto " vivíamos toda la familia ".

Foto  sp.deposiphotos.com

miércoles, 18 de marzo de 2020


EL TOQUE DEL ANGELUS







" La diócesis salmantina anima a los sacerdotes a tocar las campanas a la hora del Angelus, a las doce del mediodía como un signo que nos une a toda la Iglesia de España, a todas las parroquias, a todas las comunidades."
                                                  lagacetadesalamanca.es

Cuando yo era niño en Cereceda se tocaba el Angelus. Don Antonio, que era el párroco, fallecido recientemente en Peñaranda, se encargaba de acercarse a la iglesia todos los días de " labor " y tocar la campana chica a la una.
Todos los " gatos " recordamos que, cuando nuestros padres estaban roturando Valdecarros con un azadón y pocos medios más, pedíamos permiso a D. Lamberto para salir de la escuela a la hora del recreo porque teníamos que ir con la cesta de la comida hasta Valdecarros.
En la escuela entrábamos a las diez y media por el frío y el recreo era a las doce, En el momento que cogíamos la cesta con la comida, una cesta preparada por nuestras madres, salíamos por el camino de Zarzoso a la " velocidad que un niño de nueve, diez u once años podía caminar con esa pequeña carga.
Valdecarros está a unos tres kilómetros del pueblo, aunque la distancia variaba según la suerte donde estuviera nuestro padre trabajando. A las suertes chicas del Corcino se llegaba un " rato " antes que a las suerte de la Calzada, en la zona de la carretera a Aldeanueva.
El puente Cantería veía pasar la procesión infantil y nos servía de lugar " para quedar " y desde allí ir juntos. La fuente del Regajo era un lugar de parada. Allí calculábamos que sería la una de la tarde. Era el momento en el que D. Antonio tocaba la campana.
En Cereceda el Angelus - yo lo toqué en alguna ocasión con el permiso de D. Lamberto - se tocaba a la una de la tarde. Para nosotros las doce era media mañana. La clase de la mañana terminaba en la escuela a la una y media, pues de doce a doce y media era el recreo.
El trabajo tras el recreo era para los pequeños, los que no podían con la cesta de la comida.
Así estudiábamos en aquellos años.
 Y caminar con la cesta de la comida era uno de nuestros trabajos.

Foto  es.wikipedia.org   Campanario de la Iglesia de Cereceda.

martes, 17 de marzo de 2020


HACEMOS UNA BOLA DE NIEVE




Hoy he recordado " aventuras " infantiles en Cereceda a la llegada de la nieve.
Era frecuente que en la calle Larga preparáramos una bola en la puerta del señor Daniel, el padre de Josefa y Helena para rodarla calle abajo.
El señor Daniel tenía hijas, pero Dios no le dio hijos y nos dejaba hacer la bola a su puerta.
Muchas veces la bola no llegaba hasta la puerta del señor Modesto porque antes se " iba " contra las paredes de los huertos. En la regadera que corría junto a las paredes se " atascaba " y no podíamos sacarla de allí.
Otros muchachos hacían la bola en la plaza y la echaban a rodar por la carretera abajo. Si llegaba a la puerta de Pepe, el cartero del pueblo, era un milagro. y terminaba su " vida " contra la ventana de la casa del cura. Don Antonio salía y echaba un sermón " matinal ". Los días de mucha nieve Don Lamberto, que venía andando desde El Cabaco, no se atrevía a venir y era un día " sin escuela." Aunque D. Lamberto era " de hierro " y " de cayá " porque llegaba con las botas llenas de agua y la nieve mojando los bajos de su pantalón.
A mí me gustaba que nevara porque todo el ganado se quedaba en casa. Las vacas, las cabras y las ovejas. Era un trabajo menos al atardecer, la hora en la que salíamos a esperar la piara o la cabriá a la esquina porque ningún " ganao " podía ir pa los Rasos, el primer sitio de Cereceda que se llena de nieve.
La lumbre era abundante en la cocina, el puchero animaba a dejar en la calle el frío, un frío que nunca nos asustó.
- ¡ Os vais a coger una pulmonía ! gritaba mi madre.
- Ya los curará D. Juan, decía mi padre.
Menos mal que en aquella época D. Juan sólo te mandaba cama y vahos, Las inyecciones son de una época posterior a mi niñez.

Fotos. Fotos de la nieve en Cereceda el lunes, día 16 de Marzo de 2.020.

            Remitidas al blog por Juan Francisco Reoyo.