¿ QUEDA USTED SOLAMENTE EN EL PUEBLO ?
Un rato antes de llegar yo al pueblo había descargado una tormenta.
Las calles del pueblo - de tierra y de rocas vivas - guardaban hilillos de agua.
Las canales de los tejados todavía goteaban.
Mi paseo fué bastante solitario.
Yo diría que fué muy solitario pues " no se veía un alma por las calles ".
Tampoco conseguí adivinar dónde se localizaba el bar.
Seguramente no hay bar en el pueblo, me dije con bastante convencimiento.
Pero surgió el milagro.
De una calle sin salida vi dirigirse hacia la Plaza a un hombre con las botas, la cayá y la gorra.
Tres símbolos de que vivía en aquella calleja.
Preferí esperarlo casi en el centro de la plaza.
- ¿ Queda usted solamente en este pueblo ?, le pregunté.
- No señor. Quedamos mi mujer Rosa, Demetrio y su mujer, que son mis cuñados, y Román, que está soltero y cuida su rebaño de cabras por los montes vecinos.
- Muchas gracias por la información . Buenos días.
El hombre me miró despacio, de arriba a abajo, y prosiguió su camino, chapoteando por el centro de la calle.
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