AL BUEY VIEJO, MÚDALE EL PESEBRE y dejará el pellejo
Este dicho sobre los bueyes se aplicaba en Cereceda para hablar de las personas.
El buey era un animal que había llenado los corrales, los praos y la dehesa boyal " en otros tiempos pasados ".
En el siglo XVIII y en el siglo XIX los bueyes eran quienes realizaban los trabajos en el pueblo.
Las labores del arado y del carro eran propias de este ganado vacuno, mientras que las vacas se dedicaban a la cría de terneros.
En el siglo XX todas las labores propias del ganado vacuno las realizaban las vacas, que producían crías, estiércol y trabajo.
El pesebre apareció muy " tarde " por los corrales pues eran las pesebreras quienes servían para suministrar la comida al ganado vacuno.
Las pesebreras - que podían tener varios huecos - eran una viga de roble en la que se abrían huecos para depositar en ellos la paja y las " garrobas " ( algarrobas ) molidas que servían de alimento a las vacas, las novillas y a las churras y a los bueyes.
Mi padre tenía dos agujeros para cada vaca porque en uno estaba la bola de sal y en el otro agujero el " pienso " de cada comida.
Se situaban siempre junto a la pajera - el pequeño almacén de paja - a la que caía desde el tenao, a través de la tolva.
Lo que anuncia el dicho es que al buey - al igual que a las vacas - les gusta tener su lugar para alimentarse y para dormir y, el cambio, suponía la muerte del viejo buey.
El buey viejo estaba junto a la pared y allí dormía. Era su sitio " reservado ".
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