EN OCTUBRE, ANTES SIN CENA que sin candela
Cuando los muchachos salíamos del rosario, aunque eran solamente las ocho de la noche, llegaba la hora de la cena.
Junto a la cena estaba la lumbre.
El calor de la lumbre era importante en toda la casa porque las noches eran heladoras.
Por esa razón había que cenar de matanza antes de ir a la cama.
Unas patatas cocidas " esbaratás " y compuestas con la grasa de los torreznos de tocino frito, eran suficiente calor para la noche.
El tocino frito y la rebanada de pan tostado a la lumbre eran un manjar de " ricos ", que no todas las familias se podían permitir.
En algunas casas se añadía un vaso de leche de cabra caliente y, muchas noches, con una cucharada de miel "jurdana ".
En aquellos años - los cuarenta y cincuenta del siglo pasado - no había que elegir entre cena y candela.
Los habitantes de los pueblos teníamos cena y lumbre.
¿ Mayor felicidad en invierno ?.
Imposible.
Foto Google.com El fuego de la chimenea.

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