EL PROFESOR y sus dos alumnos.
Hoy hace tres meses que el segundo miembro del grupo, nos abandonó.
El profesor se nos fué hace algún tiempo.
El alumno aventajado se fué " casi ayer ".
Se llamaba Julio.
Julio era un hombre de la capital.
Un día se enamoró de Cereceda y se compró una casa y acudía a ella con su esposa Milagros muchos días al año.
En verano formábamos un trío por las carreteras del pueblo: Sivestre y Julio y yo.
Silvestre era el profesor, Julio el alumno que quería saber " cosas " de Cereceda, y yo, el encargado de garrabatear en un papel las enseñanzas del profesor.
Los caminos, las piedras, las yerbas, los linares, las tierras y los praos eran nuestro tema de conversación veraniega.
La sementera, la escarda, la siega, la trilla, la limpia del cereal eran otros temas.
Las patatas, las alubias y sus secretos, los riegos y las pozas nos acompañaban algunas mañanas pero, sobre todo, el orégano.
Nosotros pateábamos todos los rincones en los que pudiera brotar una mata de orégano.
Y volvíamos orgullosos, los dos alumnos, con el orégano que nos había encontrado el profesor.
Este verano he recordado aquellas caminatas y, desde la lejanía, he recordado a mis dos amigos, Silvestre y Julio.
Descansen en paz.
Foto Google.com Mata de orégano.
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