sábado, 20 de enero de 2018

LOS GATOS Y EL CAMBIO DE CASA







Todos los seguidores del blog PATALOSO conocen que a los " hijos de Cereceda " nos llaman " gatos ". De la misma forma a las " hijas de Cereceda " las llaman " gatas."
Hace años a los vecinos de Cerecedas les desagradaba y, " hasta se enfadaban," cuando los vecinos de los pueblos de los alrededores les decían " gatos." Lo consideraban un insulto.
Yo siempre lo he entendido y lo he utilizado como un " signo de identidad " de las personas nacidas en Cereceda.
Hoy les cuento una curiosidad sobre los gatos de cuatro patas, guardianes de despensas y paneras.
En mi niñez en todas las casas había gatos y gatas en número elevado, si bien los de una casa se desplazaban a otras de la misma calle, siempre que supieran que  el " ama de la casa " les echaba comida y no les " daba " con las tenazas en las narices.
Era muy normal que unas vecinas regalaran gatos a otras.
- Cuando me para la gata, te regalaré dos gatinos. Era una expresión de amistad entre vecinas.
Según mi tía Floripe los gatinos que se habían criado en una casa, volvían a su lugar de nacimiento, aunque su nueva dueña les pusiera comida, agua y los dejará dormir en la lancha de la lumbre.
- Entonces lo que hay que hacer es atarlos a la pata del " escaño " hasta que se acostumbren a la nueva casa - le dije yo.
Mi tía me enseñó un remedio mejor para que los gatos no volvieran a la casa " materna ".
- Sólo hay que untarles de aceite las patas.
Se me ha olvidado si era la nueva o la vieja " dueña " quien debía aplicar ese remedio.

             Foto  www.google.es

Etiqueta Costumbres.

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