lunes, 4 de mayo de 2026

 AL MONTE Y AL MOLINO, no llames al vecino



 

Esta " orden " la conocían muy bien todos los " gatos ".

En Cereceda era costumbre " de toda la vida " que los vecinos se ayudasen en algunos trabajos. 

Si por los " gatos " hubiera sido, puedo decir que todos los vecinos se echarían una mano aunque, a veces, no hiciera falta.

Ahí eran las " gatas " quienes aconsejaban a los sus maridos que no buscasen ayuda.

- El mi marido dice que le va a pedir a Salustiano que vaya una mañana a ayudarle a sacar los troncos del quiñón de la zona de  Valdejardas. Yo le he dicho que lo olvide, que ya los iremos sacando como podamos o que se espere a que vengan los nuestros muchachos y entonces los sacamos.

- Pero, mujer, que vosotros solos no podéis.

- Mira te lo explico. Salustiano va una mañana con el burro y nos saca los troncos gordos hasta el camino. Pero luego el mi Jeremías tiene que ir a ayudarle a sacar los suyos. Y Salustiano tiene siempre dos quiñones porque le compra el quiñón a la viuda de Aniceto, que ella no necesita la leña.

Para bajar al molino ocurría algo parecido.

Pedías la vez al molinero y, cuando te tocaba, se pedían ayuda unos vecinos a los otros.

Pero siempre intervenían las señoras " gatas ".

- Tú tienes que moler tres sacos de cebá y uno de trigo, que los mezclas pa los cebones, le decía Hermenegilda - a la que llamaban Gilda - a su comadre Felisa y al su marido Nicasio.

Rubiriano se ha prestao a ayudarnos - proseguía - pero luego tenemos nosotros que ayudarle a él, que baja entre diez y doce sacos  de mezcla y cuatro de garrobas.

Y, casi sin respirar, añadía: Pa una mañana que él nos ayuda, tenemos que ir dos días enteros a ayudarle.

¡ Que la gente de los pueblos sabe de " cuentas " más que un catedrático de matemáticas !.

 

Foto  Google.com 

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