EL PERRO A LA LUMBRE
Había también perros y gatos.
La cocina fué siempre de los gatos y el corral de los perros.
Aquellas casas en las que solamente vivía un hombre - que en mi niñez eran rarísimas - el perro tenía " derecho " a entrar con su dueño hasta la cocina.
En esas casas la familia gatuna ocupaba el sobrao.
La familia perruna nunca ocupó el sobrao.
Los gatos nunca durmieron en el corral.
El corral - principalmente las pesebreras en las que se ponía la comida a las vacas - eran propiedad de la familia perruna.
En alguna ocasión y por muy poco tiempo una perrita " jurdana " que se quedó en mi casa pudo ocupar la lancha de la lumbre.
Era " jovencina " y " extranjera " y consiguió la compasión de mi madre, dueña y señora de esa zona de la cocina para su familia gatuna.
A mí siempre me pareció bien que la casa estuviera dividida en zonas para cada una de las familias animales que en ella convivían: vacas y cabras y ovejas y cebones y garrapines y gallinas y el perro y la gran " tropa " gatuna.
Foto pinterest.es

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