UN RECUERDO MUY LEJANO
En la calle Larga vivía una señora " gata " a la que yo siempre respeté y aprecié muchísimo, que tenía unas cabras muy buenas.
Eran cabras obedientes pues cada noche aparecían a la puerta del corral tras la llegada de la cabriá.
Esas cabras recibían su " merecido " manjar en forma de latas de cebada.
Ellas respondían con una aportación lechera excelente.
Yo fuí muchas mañanas a comprar leche a su casa, cuando las personas que habían pernoctado en la taberna-posada pedían un desayuno de leche con café.
Otras personas preferían patatas cocidas y torrezno de tocino.
Nunca acudí a comprar queso de cabra.
Seguramente la leche sobrante la vendía a personas del pueblo.
Alguna vez me la encontré ordeñando las cabras en un cobertizo que tenía su corral.
En cambio era normal encontrar señoras " gatas " ordeñando sus cabras en la calle.
Ese señora " gata " era la señora Francisca, a la que siempre conocí soltera.
Foto pinterest.es
El café era portugués, llegado a Cereceda " de contrabando ".

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