EL ÁGUILA
Cereceda fué tierra de águilas.
Sus nidos los construían en la Casa la Agustina, donde nadie se atrevía a subir para robar los polluelos, siempre uno o dos aguiluchos.
Las señoras " gatas " te contaban que " un águila podía robar un cordero con la fuerza de sus garras ".
Yo las divisé desde cerca en la carretera de la Nava hasta el río Francia, camino de La Alberca.
Las señores " gatos " te enseñaban que " un águila puede vigilar desde el cielo todo el término de Cereceda a la caza de conejos y liebres ".
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