EL CAMINO OSCURO
Por muy oscuro que sea el camino, hay que recorrerlo
y de alguna manera seguir hacia adelante.
Los muchachos - los " gatines " - aprendíamos en edad muy temprana a no tener miedo.
Cuando la mayoría de las personas tienen miedo a los fenómenos atmosféricos, nosotros nos acostumbrábamos a convivir con ellos.
* Ir a buscar las vacas a los Limpios o a la dehesa era normal a las cuatro de la mañana para ir a acarrear.
* Caminar hasta la Nava el Mónago por la Ladera tras pasar los Pontones, era " corriente " durante el verano el año que se sembraban patatas en la zona del término municipal que era regada por las " tomas " de La Isla y la Nava el Mónago.
* Darte un paseo hasta la Peña el Gato para coger el coche de línea en invierno antes del amanecer era una simple rutina para los estudiantes " gatos ".
* En una tarde de tormenta veraniega llegarse hasta la Fuente Castaño a destapar la poza era " un simple paseo con la azada al hombro " entre relámpagos y truenos.
* Llegarte hasta el Valle Trigal después del oscurecer porque una oveja se había quedado a parir, solamente te servía para presumir al día siguiente en la escuela.
Para nosotros - desde el año 45 hasta el 60 del siglo pasado, la oscuridad nos acompañaba cada noche por las calles del pueblo, pues " faltaba " la luz y, si llegaba desde Las Casas, no había bombillas en las calles.
Nos daba el mismo miedo recorrer las calles desde la Plaza hasta la Esquina o el Altozano o el Chapatal que salir al corral a buscar un " brazao " leña para la lumbre en las heladas noches de diciembre y enero.
En los corrales nunca hubo más luz que la del farol de aceite.
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