MUCHA AGUA, MUCHO SOL Y MUCHO HENO
Cuando en el mes de junio las lluvias eran abundantes, se podía presagiar que sería buen año de heno.
Los praos que estaban guardados de pisarlos el ganado, eran " bendecidos " por sus dueños con la esperanza de que junio calentara y la hierba creciera y se pusiera dura para aguadañar.
Si por San Juan hay tormentas por el " mucho " calor, tendremos buen año de heno, se decían unos a otros los señores " gatos " en la camilla de la brisca de la taberna.
Jugar a la brisca era un privilegio que se alcanzaba con la edad.
Hacía falta llegar a los sesenta para tener derecho a sentarse en un corro que jugara a la brisca.
En esas partidas se compraban y vendían ovejas, se cambiaban cabras y se discutía sobre el precio del kilo en vivo de los terneros.
Esas charlas " mercantiles " hacían que a algún " gato " se le olvidara dar la seña de las " cuarenta " y entonces se arnaba un griterío que alborotaba la taberna.
- ¿ Jugamos o vendemos los quesos ?, gritaba un " gato " enfadado porque él no tenía ovejas, y la leche de las sus cabras apenas llegaba para el desayuno familiar.
A mí - con cinco o seis años - esas " peleas " me hacían olvidar mis ratos de camarero sin sueldo en la taberna de Cándido y Constantina, mis padres.
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