DEJÉMONOS DE GAITAS
Algunos lunes por la mañana aparecían por Cereceda personajes que se acercaban a la taberna de mis padres.
Yo conocía muy bien a esos personajes porque - según mi padre - me darían una buena propina si los atendía bien.
Etos personajes procedían de Béjar o de Ciudad Rodrigo o de Guijuelo o de Ávila capital y hasta de Valladlid.
Todos eran tratantes de ganado o, como yo los llamaba, chalanes.
Acudían a Cereceda el lunes porque el martes había feria en Tamames.
Ellos compraban en los corrales de Cereceda y así tenían menos trabajo en el ferial.
Si yo quería ganarme la propina, que podía llegar hasta una peseta o cuatro reales, debía llamar a algunos " gatos " para que fueran a la taberna.
Allí, mientras se tomaban unas copas de aguardiente o unos chatos de vino, empezaban a bailar los reales que pedían por un churro y los que les ofrecían.
Yo estaba tras la barra en escucha silenciosa.
Aprendí mucho vocabulario en aquella " universidad tabernícola ".
- Me han dicho que este año tenéis buena cosecha de cebada, decía el chalán al tío Ramiro.
- Pues sí. No parece que venga mala, replicaba el tío Ramiro.
Y así unos minuto de charla agrícola , hasta que mi padre decía : " Dejémonos de gaitas ".
- Como dice el señor Cándido, dejémonos de gaitas y vayamos a lo nuestro, intervenía el comprador. Dígame, ¿ cuántos churros tiene usted para vender ?.
" Dejémonos de gaitas " significaba, hablemos de churros y de churras y hagamos trato.
La palabrería no les era de utilidad a ninguno de los dos , ni al vendedor ni al comprador.
Foto Google.com Mercado de ganado.

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