DESERTORES DE LA AZADA
Yo diría: " Mi padre me enseñó ".
Somos muchos los " gatines " a quienes nuestros padres - el padre y la madre - nos enseñaron que debíamos cambiar la azada o la hoz o la guadaña o el rastro, por un lápiz o un bolígrafo o una pluma.
A unos nos dieron esa lección cuando teníamos once años.
A otros les llegó la lección cuando regresaron de la mili.
Esta lección " era de aprendizaje obligatorio " en todos los pequeños pueblos de la provincia de Salamanca.
Unos nos educamos en los colegios de frailes o de curas, otros en talleres de España o del extranjero.
Así fué como los pueblos se quedaron sin niños y sin jóvenes.
C´est la vie ! ( Así es la vida ) que dice un amigo mío que emigró a Europa.
Foto pinterest.es

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