UN MANITAS
El señor Jeremías - al que en el pueblo llamaban " El ingeniero " - era un manitas.
Vivía en la casa que fué de sus padres y que él había reparado.
- Empecé por el tejado y luego por dentro, y acabé pintádola de blanco en el exterior.
Después de la casa, le tocó al huerto.
El huerto tenía unas paredes de piedra y el señor Jeremías levantó los portillos que estaban caídos y separó con una valla de cañas, la zona de huerta y la zona de jardín.
Plantó patatas y alubias y tomates y puerros y cebollino y unas matas de azafrán porque le gustaba ver las flores y recogerlas muy temprano cuando nacían.
No utilizaba azafrán en sus guisos pero se lo regalaba a sus vecinas.
En el pequeño jardín colocaba flores de cada tiempo que compraba en unas pequeñas macetas de color negro.
- Me gusta tener flores en el jardín y me gusta regarlas y me gusta regalarlas.
El señor Jeremías - al que en el pueblo llamaban " El ingeniero " - se sentaba muchos ratos en un banco que él fabricó y colocó adosado a la pared para ver la puesta del sol.
El señor Jeremías vivía solo en la casa que heredó de sus padres, en el barrio de Poniente.
A los veinte años abandonó el pueblo y a los sesenta y cinco regresó.
- En esos cuarenta y cinco años he vivido en varios países y he trabajado en distintos oficios y he ahorrado suficiente dinero para vivir cuidando mi huerto y mi jardín, me contestó la tarde que le pregunté por su vida.
Cuarenta y cinco años de una vida resumidos en tres frases.
Foto pinterest.es

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