" Sea moderado tu sueño; que el que no madruga con el sol, no goza del día; y advierte, ¡ oh, Sancho !, que la diligencia es madre de la buena ventura y la pereza, su contraria . . . "
Capítulo XLIII de la 2ª parte de El Quijote. Miguel de Cervantes
Ya he contado que mi padre se reía de los mozos que llegaban a la tabernael domingo y decían que " acababan de levantarse " cuando era ya la hora del café.
Mi padre aconsejaba que el día en el que se debía madrugar más era el domingo :
" Como es día de fiesta y no tenemos que ir a trabajar, levantémonos temprano para aprovechar el día ".
La gente se reía de su consejo.
- " El domingo es cuando más tarde hay que levantarse ", refunfuñaban ellos, como buenos " gatos ".
Había algunos que hacían caso a mi padre: Eran los cazadores.
" A punto día " ya estaban con las escopetas y los perros esperando al camión de la fábrica de Arroyomuerto, que era el medio de transporte que tenían en mis años de niñez, para desplazarse a las dehesas del Campo Charro.
Otros " al salir el sol " ya " se habían pateao toda la zona de la ladera de la Puente la Vega y comenzaban a subir a lo alto de la sierra, camino de Zarzoso.
Estos cazadores " no madrugaban con el sol " porque en la época de la caza el sol anda enredado con las nubes.
Ellos gozaban de la mañana en la sierra y en Zarzoso con perdices y liebres y conejos hasta la llegada de la muerte de la fauna conijeril, la misomatosis.
Bajo alguna encina y junto a alguna pared " abrigadora " comían " un cacho merienda " y regresaban al pueblo a media tarde.
Muchos domingos los veía acercarse a la posada de mis padres antes de que yo me fuera al rosario.
Mi madre les preparaba la merienda con algunas piezas cobradas en la jornada de caza, y mi padre escuchaba " guasón " sus aventuras perdiceras y liebreras, tras el mostrador, cada tarde de domingo.
Foto pinterest.es
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