" ALREDOR " de la máquina de coser.
En alguna casa de Cereceda queda, tras muchísimos años " dormida " , la máquina de coser.
- Había pocas casas del pueblo que tenían una máquina de coser, me cuenta una " gata ". Allí nos reuníamos, sobre todo, cuando iba a llegar la Fiesta de San Marcos.
- Tú tienes que pensar que en Cereceda no había modista.
- Había una modista en Cilleros, que se llamaba Bernardina, y tenías que subir a allí para encargarle un vestido.
- Cuando llegaba la fecha de la Ascensión, que eran las comuniones, muchas mujeres subían a la modista para que les hiciera un vestido.
Bernardina hacía también vestidos de comunión para las niñas.
- En Tamames podías comprar alguna rebeca, pero vestidos era mejor encargarlos.
Pero podíais ir a la capital, les digo yo de forma un poco atrevida.
- Ni lo sueñes. Pa ir a Salamanca había que madrugar pa coger el coche de línea, y luego tenías que estar en Salamanca hasta las cinco y media de la tarde.
- Yo no fuí nunca a la capital a comprarme ropa. Cuando se casó el mi Nicanor, me hizo la ropa Bernardina, la modista de Cilleros.
- Aunque todas sabíamos coser, nos juntábamos en casa de la que tenía una máquina de coser y allí entre todas nos hacíamos la ropa.
- Cuando yo me marché del pueblo me llevé la máquina de coser y la tengo " de adorno " en el salón del mi piso, sentencia una " gata " vieja, emigrante joven pero que vuelve en los veranos a la su casa.
Foto pinterest.es
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