EL TÍO " CINERO "
Así es como mi padre llamaba a la persona - un hombre, acompañado de una mujer - que pasaba por Cereceda " haciendo cine ".
Al principio - antes de 1950 - eran cuadros o fotografías en blanco y negro, que la mujer del cinero explicaba de viva voz a los asistentes a la sesión de cine.
Años más tarde, por el 1950 y " poco ", eran escenas de cine mudo, que no necesitaban explicación y que despertaban las carcajadas en " gatos " y " gatas ".
Las sesiones de cine eran en la Plaza con una sábana como telón, colocada por encima del arco de entrada a la iglesia parroquial.
Si el tiempo impedía la sesión al aire libre, se trasladaba la " función " a un corral.
Recuerdo un corral, frente al potro del tío Manolo el herrero, en el que se " hacía " cine y teatro.
Se echaba una buena cama de hoja seca o de " gelechos " y allí se estaba " calentitos " porque había un tenao de heno o de paja sobre las cabezas de los espectadores.
Cada persona llevaba su silla " bajita " o su tajo para sentarse, excepto la gente menuda que veíamos la película sentados en el suelo.
La entrada solía ser gratuita, pero el " cinero " sacaba un dinero de la rifa que hacía en el intermedio o descanso.
Una mano " inocente " - normalmente la de Nachito porque el cinero y su mujer estaban de posada en casa de Cándido y Constantina, sus padres - era quien sacaba el número del premio.
El premio era una botella de anís, adquirida en la taberna del posadero y comprada por éste en Casa Margarita de Tamames.
Una diversión, aprobada por el párroco que acudía con una silla elegante, llevada de la iglesia, a ver la función.
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