lunes, 23 de septiembre de 2019


GRIETAS EN LAS MANOS

Cuando yo iba a la escuela unitaria de niños de Cereceda jugábamos a la pelota en la pared de la escuela y en la puerta de la iglesia.
Las pelotas eran muy duras y mis manos muy blandas. Por esa razón me salían grietas.





Esas grietas con el frío eran dolorosas y, más aún, cuando las manos estaban mojadas al picar las berzas o las remolachas para las cabras.
El oficio de picar las hojas de las berzas para ponerlas en cestos a las cabras era un oficio que a mí me gustaba, pero las hojas estaban" heladas y no digo nada las remolachas que llegaban de los huertos tras quitarles la nieve."
Mi padre tenía un remedio para las grietas de mis manos.




Como en el bar teníamos pellejos viejos que se habían roto o agujereado y el botero los había curado en muchas ocasiones, mi padre los tiraba en el cuarto de las patatas para " si son necesarios en alguna perniquebradura de algún churro, de alguna cabra o de alguna oveja."
Esos pellejos viejos conservaban todavía la pez, que llevan los pellejos del vino en su interior.
Mi padre raspaba con la navaja - la llevaba siempre en el bolsillo - un poco de pez y me la aplicaba en las grietas de las manos. Era un buen remedio.
Pero ese remedio tenía un problema " muy gordo " : que parecía que mis manos estaban sucias, pues la pez es negra.
- No vayas con esas manos a la escuela, decía mi madre.
D. Lamberto, mi único maestro en todos los años que fuí a la escuela en Cereceda, entendía el remedio de mi padre y me dejaba tener las manos un poco " pezeras."

Foto pinterest.com
     
         todocoleccion.net

No hay comentarios:

Publicar un comentario