martes, 1 de mayo de 2018


NO FALTA JAMÁS PIEDRA A BUENA LAVANDERA







Para muchas " gatas " esta frase les traerá recuerdos de sus madres y de sus abuelas cuando las acompañaban al Puente Cantería, al Periquito, al Chorrero para lavar la ropa.
Espero y deseo que hoy las recuerden con el barreñón a la cabeza y la tajuela en el cuadril. En la otra mano las llevaban a ellas, unas veces contentas de caminar acompañadas por sus hijas o por sus nietas, y otras renegando " porque no tengo con quien dejarla."
Una vez junto al agua, cada mujer se colocaba de rodillas en la tajuela y " asentaba " la piedra sobre la que iba a frotar la ropa " con jabón hecho en casa."
Eran pizarras, coberteras de las paredes de los " praos " que algunos mozos les escondían a sus novias.
Muchas veces el agua del río Yeltes o el agua del río Cerezo bajaba muy fría y la preocupación de las abuelas era " que mi nieta no se moje los pies, porque si lo hace, su madre me mata."
Pero un día llegó la emigración y llegó la lavadora, que, como muchas otras " cosas ", buenas y malas, llegó a Cereceda desde Tamames.
Aquel día las mozas dejaron de presumir con el barreñón a la cabeza y la tajuela en el cuadril.
Yo las recuerdo en su regreso del Periquito subiendo por la cuesta del camino La Nava hasta llegar a la carretera.

            Foto  salamancaentresierras.com

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