lunes, 25 de diciembre de 2017

LA OLLA DE LA MANTECA





Ayer visité el Belén de " mi " parroquia.
Me gusta visitarlo cada Navidad porque lo montan los niños y niñas de la barriada. Entre esos " artistas " algunos son mis vecinos. Anoto todos los detalles que llaman mi atención. Así, cuando me preguntan si lo he visitado, puedo darles detalles muy concretos que les demuestran que lo he " mirado " con paciencia y con cariño.
Dentro de la cueva de Belén había una olla esmaltada. Una olla con cuatro asas. Desconozco por qué razón la habían situado dentro del portal, pero me he atrevido a pensar que era para representar que los pastores habían llevado a la " Mamá " leche recién ordeñada de sus cabras y de sus ovejas para alimentar al Niño.
La olla del portal me ha llevado a la despensa de la casa de mis padres
Mi madre tenía un olla como ésa, con cuatro asas, adquirida en " el mercado del trueque " que el cacharrero montaba en la plaza del pueblo, a cambio de alubias o de garbanzos.
En esa olla echaba mi madre la manteca. En Navidades mi madre hacía la manteca. Siempre unos cuantos días después de la matanza.  En un caldero de cobre iba echando los trozos de las mantecas de los cerdos. Un buen fuego de " bardas " los derretía y los transformaba en un líquido un poco viscoso y pegajoso, lleno de borbotones. Después con una " caza " de madera iba recogiendo el líquido y llenando la olla. De esa olla sacaba la manteca para hacer las perronillas la víspera de San Pablo.
En el fondo del caldero quedaban los chicharrones. Los aplastaba con una ralladera y los guardaba. Los almacenaba en una barreña de barro. En la primera " masadura " hacía " panes de chicharrones ", un bocado celestial, para toda la familia.

                 Foto  www.todocolección.net

Etiqueta  Vocabulario

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